
El martes 12 de abril, hace dos días, fui a Madrid. La excursión la organizó mi profesora de historia y era para ver, principalmente, el Museo del Prado. Conozco a bastantes personas que actualmente viven en Madrid y, como sabía que tendríamos tiempo libre, decidí quedar con una de ellas, la que más me importa.
Conocí a esta persona hace mucho tiempo y lo cierto es que no me cayó muy bien. Pero por unas causas o por otras volvimos a estar en contacto estas Navidades y empezamos a hablar y a hablar y descubrí que esa persona era un chico encantador, me parecía atractivo... finalmente me di cuenta de que me gustaba bastante. Quizás me lo negase por picarme, quizás no sea cierto, quizás y quizáses... pero creo que yo también le gustaba. Decidimos quedar el día doce, cuando yo saliera del museo y así pasar la tarde juntos y conocernos en persona.
En el viaje yo estaba nervioso. Iba a conocer a alguien especial para mí. Alguien a quien yo había conocido por internet e iba a dejar de ser una simple pantalla de msn, o una cuenta en un red social para dar lugar a una persona de carne y hueso a la que poder sentir. Estaba muy nervioso. Hablamos un par de veces por el móvil y él me dijo que podía, si yo quería, ver conmigo la exposición del Museo del Prado y así pasábamos más tiempo juntos. La idea, sinceramente, me entusiasmó. Tengo testigos que pueden demostrar que durante gran parte del trayecto tuve una sonrisa amplia, sincera, contagiosa... La que se llama vulgarmente sonrisa de idiota. Estaba tan contento.
Llegamos a Madrid tras un largo viaje. Le vi a lo lejos, en el lugar acordado ¿era él? Sí, era él. Me acerqué, se acercó y nos abrazamos. Era real, tan real... Hablamos un poco y entramos en el museo. Se unió a la visita guiada de mi grupo. Quería pasar desapercibido, pero no lo consiguió y algunas personas se dieron cuenta. No pasó nada, la verdad. Me gustaba ver las obras con él, escuchar sus opiniones... incluso me hubiese gustado coger su mano y pasear por esas habitaciones llenas de enormes cuadros, con esos techos tan altos que me gustaba mirar. Me sentía tan pequeño y tan afortunado... no me precipité y esperé. Me conformaba con tenerle cerca, con pequeños roces. Mi codo rozó su brazo, su brazo rozó mi codo... era con un pequeño juego. Nuestro juego.
Salimos del museo y paseamos por Madrid junto a unos amigos. Nos sacamos fotos, reímos. Hablábamos de todo y de nada a la vez. Agotados, todos nos sentamos en un prado y empezamos a hablar y a reír. Poco a poco, acerqué mi mano a la suya. Quería coger su mano y finalmente lo hice. Nuestras manos se unieron, jugaron la una con la otra... Era una sensación agradable. Creí que nadie se había percatado de este pequeño juego porque una mochila tapaba nuestras manos, aunque más tarde me enteré de que Carla sí se había dado cuenta. Lo cierto es que me daba igual.
Se acercó la hora de irse. De volver a la parada del autobús y regresar a León. La hora de abandonar ese sueño. Comenzamos a desandar el camino andado. Caminaba muy cerca de él, rozándole. Le cogí la mano, quería caminar unido a él. Pero él se soltaba. Me dijo que no me iba a acompañar hasta el autobús, que se iba a quedar en la parada de metro de una plaza cercana. Entonces me di cuenta de que el tiempo se agotaba y rápidamente. Yo quería seguir allí, con él. No quería irme, no quería huir. Levaba demasiado tiempo huyendo y por fin estaba a gusto en un lugar y con una persona... Llegamos a la plaza, a la boca de metro. Nos paramos y nos abrazamos. Mientras, sin que nos diésemos cuenta, el resto del grupo seguía avanzando. Él quería despedirse de ellos. Fuimos hasta donde se encontraban y se despidió. Pero Marla no estaba, había entrado en una tienda a comprar algo. Cuando íbamos a entrar a esa tienda ella salió, se despidió de mi acompañante y se reunió con el grupo. Yo volví a abrazarle. Fuerte, muy fuerte. Nos dimos dos besos y le volví a abrazar. Le susurré 'Te voy a echar de menos'. Besé su cuello y luego le besé en los labios. Él siguió el beso.
Él-> No me esperaba esto de ti
Yo-> Siempre sé como sorprenderte ¿eh?
Nos reímos y nos alejamos. Cada uno siguió su camino. No miré atrás. Si hubiese mirado, a lo mejor...
No espero que me entiendan. Lo hice porque tenía que hacerlo, porque quería hacerlo. Si no hubiera hecho algo de lo que hice, me hubiese arrepentido. Eso lo tengo claro. Necesitaba crear esa pequeña ilusión, ese espejismo. No esperaba que me declarase su amor incondicional y yo tampoco podría habérselo declarado. No, no es así como funciona. Pero el beso... creo que los dos lo merecíamos. Crear un pequeño mundo para los dos, durante unas pocas horas en un día especial. Y eso hicimos.
No sé si leerás esto y tampoco sé si estás de acuerdo con todo lo que cuento... cada uno tendrá su perspectiva. Han pasado dos días, y reconozco que me gustaría besarte y abrazarte de nuevo. Pero estamos alejados y los dos sabemos que no es posible. No ahora. De todos modos hay algo dentro de mí que me dice que seremos amigos, que no te olvidarás de mí (yo no te olvidaré a ti), y que por alguna razón u otra nos volveremos a encontrar algún día. Al menos eso espero y deseo.
Gracias por todo. Gracias por una tarde inolvidable rubito.
1 valiosas opiniones:
Fuíste muy valiente con ese beso, Seu. Te admiro muchísimo por eso (bueno, no sólo por eso :D). Ojalá yo hubiese sido tan valiente en muchos momentos de mi vida. Me alegro y a la vez me entristezco de leer esto. Es genial que hayas encontrado por fin a alguien que te hace sentir de esa manera, lástima que el factor distancia siempre esté ahí tocando las narices.
No dejes que eso acabe con la relación. Yo lo hice hace poco y no me siento orgullosa. ¡Ánimo!
Eso sí, te voy a echar un poco la bronca porque de esto yo no tenía noticia... ¡que calladito te lo tenías! jajaja :)
Un besazo enorme, Seu! A ver cuando hablamos, que se echa de menos ;)
Publicar un comentario en la entrada